En el Día Internacional de la Muerte Digna recordamos que la dignidad humana no termina con la vida, sino que debe acompañar a cada persona hasta su último instante. Hablar de una muerte digna es hablar de respeto, de autonomía, de compasión y de cuidado. Es reconocer el derecho de cada ser humano a decidir, a ser escuchado y a recibir alivio del dolor físico y emocional, sin sufrimiento innecesario ni abandono.
Una muerte digna implica acompañamiento, información clara, atención médica humanizada y el respeto profundo por la voluntad del paciente y su familia. Significa permitir despedidas, ofrecer consuelo y garantizar que el final de la vida transcurra con paz, tranquilidad y amor.
Hoy hacemos un llamado a promover una atención en salud centrada en la persona, donde la vida sea valorada en todas sus etapas y donde el final también sea tratado con sensibilidad, ética y humanidad. Porque morir con dignidad es un derecho, y acompañar con dignidad es un deber de todos.
